Mis fotógrafos favoritos

Mis fotógrafos favoritos

Hacer un buen reportaje de bodas no empieza en el momento en el que te compras una cámara reflex y disparas como un poseso durante varias horas, a personas vestidas de fiesta. Hoy en día cualquiera puede hacer fotos, incluso puede hacer alguna buena, a poco que tenga algo de constancia y dotes de observación. Sin embargo, crear una historia en imágenes, con calidad y estilo propio, poco tiene que ver con la cámara que te compres y mucho con mis fotógrafos favoritos.

Uno de mis autores favoritos del que hablaré en otro post, Ansel Adams, decía que la cámara empieza a dos dedos del visor. Es decir, la cámara empieza en el ojo, en el cerebro, en el alma del fotógrafo, no en nuestro sensor de tropecientos megapixeles o nuestro super zoom de mil milímetros macro.

Volviendo al tema que nos atañe, se puede decir que un fotógrafo de bodas no es muy diferente a cualquier otro fotógrafo profesional. Ambos beben de las mismas fuentes de conocimiento: los manuales técnicos de la educación formal, los grandes autores a través de su obra y su propia experiencia profesional adquirida a través de los años.

En este post me ocuparé de cómo se produce la magia de la transmisión y asimilación de conocimientos, especialmente en lo que respecta a mis fotógrafos favoritos. Cómo estos grandes autores han marcado y marcan mi pasión por la fotografía y mi forma de concebir esta profesión. Cómo es posible que con sólo unas pocas imágenes y algunos datos biográficos vayan asentándose nombres en mi discurso fotográfico tales como Richard Avedon, Ansel Adams, Sebastiao Salgado, Henri Cartier Bresson, Robert Capa, Chema Madoz, Annie Leibovitz, etc.

Más adelante, iré desgranando las claves de cada autor en sucesivos posts. No obstante, en cada uno de ellos, esbozaré sólo algunos trazos, deteniéndome en su obra, vida y e influencia sobre mi. Serán trazos gruesos seguramente, ya que existe suficiente literatura sobre el tema, pero serán trazos muy personales.

El proceso de asimilación

A lo largo de nuestra vida vamos asimilando conocimientos y experiencias que nos sirven de guía para nuestros actos y marcarán la forma que tendremos de relacionarnos con los demás. Dicha formación y guía no siempre proviene de los libros, sino de las personas.

Gracias a la vitalidad, el poder o el aura que desprenden ciertas personas, nuestra forma de ser se impregna de características que conformarán nuestra manera de hacer las cosas en un futuro. Y no me refiero a las enseñanzas que imparte un centro formativo al uso, me refiero al conocimiento transmitido de persona a persona sin que medie acuerdo previo u obligación.

Cómo se produce el milagro

Y me refiero como “milagro” al proceso mediante el cual una persona adquiere una nueva visión, una nueva perspectiva, un nuevo conocimiento. Cómo, sin que haya intención formativa o moralizadora, ése algo intangible se adhiere a nuestro corazón y ya forma parte de nosotros para siempre.   

Decidimos por propia voluntad y sin que medie compromiso de aprendizaje, seguir sus enseñanzas, aún sin haber intención de enseñar ni de aprender. Se nos queda grabado en la mente y forja nuestros actos futuros.

Vaya! Creo que me he puesto un poco teórico con esto de mis fotógrafos favoritos, veréis, os lo muestro con un ejemplo: un buen día nuestro padre, nuestro amigo, nuestro profesor, nuestro compañero de trabajo o un perfecto desconocido que es entrevistado en televisión  capta nuestra atención. Nos gusta lo que dice, nos gusta cómo lo dice, y finalmente nos hace reflexionar. A partir de entonces adquirimos su visión del mundo y modificamos nuestra base de aprendizaje o comportamiento. Aquello aprendido resulta una mezcla entre el mensaje expresado y el impacto intelectual o sentimental que haya producido ése mensaje en nosotros.

Os cuento un ejemplo. La visión que yo tenía del País Vasco a los 19 años era de una tierra de gente hosca, testaruda y violenta. Pues bien, en la universidad tuve compañeras vascas con las que me fui una temporada de visita. Primero estuve en Zarautz y luego en una aldea minúscula de montaña llamada Aizarnazabal. Desde aquel viaje y con 20 años os puedo decir que asumí completamente el hecho innegable de que la televisión miente, manipula y enfrenta a la gente alimentando tópicos. Nada de lo que me habían inculcado tenía correspondencia con lo que aquel verano viví, Itziar e Idoia me lo enseñaron.

Juan Aunión. Fotógrafo de bodas de Badajoz-. Retrato de carpintero

A este proceso algunos lo llaman educación no formal, experiencia, enseñanzas de la vida, etc. Yo lo llamo inspiración. Inspiración es ése soplo dorado que emana de los actos o palabras de alguien al que le hemos dotado de autoridad. Un soplo más valioso que mil lecturas obligatorias o que cien fórmulas memorizadas. Una aportación procedente de otra persona, que libremente decidimos adoptar como propia, formando ya parte de nuestro bagaje personal o profesional.

De esta manera fueron pasando mi autores favoritos por el recibidor del alma mía. De forma libre, consentida y habitualmente casual. Desde un punto de vista personalísimo, el mío, he detectado cuatro fases de transmisión de este tipo de conocimiento:

Fase 1:  el impacto
Es un primer momento de admiración por su obra. Al contemplar por primera vez un foto te conmueve e identificas en ella un estilo propio y original, algo que no habías visto antes. Pongamos por ejemplo la serie de retratos de americanos corrientes de Richard Avedon

Fase 2: la investigación
En esta fase intentas conseguir todo lo que exista del autor, ése que nos te ha hecho pupita en el corazón. Buscas documentales, exposiciones, libros, impresiones de sus fotos, etc. Los datos biográficos y técnicos son especialmente bienvenidos en esta fase.

Fase 3: el olvido

Ya hemos olvidado la pasión que existía por aquel Avedon. Parace que ya no está entre mis fotógrafos favoritos. Ahora estoy encaprichado con Steve McCurry, o de una Fuji, o de un viaje a la India. Aparentemente nos hemos olvidamos de Avedon

Fase 4: la revelación
Un buen día, ojeando viejas fotos de familia Mis fotógrafos favoritosdescubres varias de tu madre a plano medio, mirando a cámara con cara de lanzarte la zapatilla y un fondo blanco sucio detrás. Frunces el ceño e intrigado por el descubrimiento amplías el ojeo a todo tu porfolio de retratos y ….Oh milagro! Descubres que una sesión reciente con una patinadora rusa retirada, allí, agazapado tras el fondo de vinilo, está Avedon, apuntándote acusador. El ciclo del conocimiento se ha completado.

De esta manera aprendes y de esta manera trazas la estructura de una obra, asimilando lo sentido más que lo estudiado y evitando, eso sí, la imitación.

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